La Luna con Gatillo: Los Proyectos Político-Intelectuales Pasado y Presente y La Rosa Blindada en Perspectiva Comparada.
La Luna con Gatillo: The Political-Intellectual Projects Pasado y Presente and La Rosa Blindada in Comparative Perspective
Carlos César Petralanda1
Fecha de recepción: 04/02//2025
Fecha de aceptación: 12/09/2025
El presente artículo constituye un análisis comparado de dos proyectos político-culturales de la nueva izquierda argentina asociados a las revistas Pasado y Presente. Revista de Ideología y Cultura (1963-1965 / 1973) y La Rosa Blindada (1964-1966). La hipótesis central de este trabajo es que la comparación entre ambas experiencias matiza la noción de una ruptura radical entre nueva y vieja izquierda al develar continuidades en prácticas editoriales, políticas y culturales heredadas de la vieja izquierda, al mismo tiempo que permite identificar diferencias en la concepción del papel de los intelectuales y en las modalidades de articular política y cultura.
Palabras clave: Nueva izquierda; Revistas Político-Culturales; Intelectuales.
ABSTRACT
This article presents a comparative analysis of two political-cultural projects of the Argentine new left associated with the magazines Pasado y Presente. Revista de Ideología y Cultura (1963–1965 / 1973) and La Rosa Blindada (1964–1966). The central hypothesis of this study is that a comparison between these two experiences nuances the notion of a radical break between the new and the old left by revealing continuities in editorial, political, and cultural practices inherited from the old left. At the same time, they expressed differences in the conception of the role of intellectuals and in the ways of articulating politics and culture.
Keywords: New Left; Political-Cultural Journals; Intellectuals.
“Cuando haya que lanzar la pólvora / el hombre lanzará la pólvora. /
Cuando haya que lanzar el libro / el hombre lanzará el libro.
De la unión de la pólvora y el libro / Puede brotar la rosa más pura”
(Raúl González Tuñón, “La luna con gatillo”).
Introducción
Durante las décadas del ’60 y ’70, Argentina atravesó un largo proceso de inestabilidad político-institucional y de conflictividad social que se expresó en el estallido de un ciclo de protestas, insurrecciones obreras y estudiantiles, y en diferentes acciones de resistencia popular, cuyo hito más sobresaliente fue el Cordobazo de 1969. Dentro del campo intelectual, estos años estuvieron marcados por la pérdida de la hegemonía cultural del liberalismo, la relectura del fenómeno peronista, la disputa entre modernización y tradicionalismo, así como la persistencia de un clima antiintelectual (Terán, 2013 [1991]; Sigal, 1991). Sin embargo, el rasgo más relevante fue la politización de la práctica intelectual y la extensión de la idea del triunfo inexorable de la revolución, ejemplificada con la experiencia cubana (Gilman, 2012; Sigal, 1991; Terán, 2013 [1991]). En otras palabras, durante esta época, las condiciones de producción intelectual estuvieron atravesadas por los acontecimientos políticos, y ello se tradujo en una convicción de la época: la política y la actividad intelectual no solo debían marchar unidas, sino que la primera era concebida como la práctica que otorgaba sentido a todo ejercicio intelectual (Terán, 2013 [1991]).
La emergencia de estas experiencias intelectuales se inscribió en un clima internacional marcado por la crisis del comunismo tras el XX Congreso del PCUS y la invasión soviética a Hungría en 1956, a lo que se sumó el impacto de la Revolución Cubana de 1959 y, poco después, la radicalización impulsada por la Revolución Cultural China. En el plano nacional, estos procesos coincidieron con la inestabilidad política abierta tras el golpe de 1955 y con una creciente conflictividad social que desembocaría en el Cordobazo de 1969.
En este contexto, las revistas culturales y los libros políticos emergieron en Argentina como un soporte esencial para la conformación y legitimación de grupos intelectuales de izquierda. Esto se debió, en primer lugar, a que constituyeron herramientas de intervención política y difusión de visiones del mundo, y a que jugaron un rol relevante en la postulación de una agenda político-cultural. Pero, al mismo tiempo, porque la actividad editorial promovió la composición de tramas de sociabilidad que involucraron a autores, traductores, editores, tipógrafos, linotipistas, impresores, libreros, publicistas, distribuidores y suscriptores. Estas formaciones culturales y sociabilidades emergentes se desplegaron en distintos niveles —local, regional y nacional— y, guiadas por una vocación internacionalista, establecieron puentes e intercambios con geografías culturales diversas.
Esta singular práctica editorial de cultura marxista se sitúa dentro de una larga tradición argentina, en la que pueden identificarse, a partir del trabajo de Horacio Tarcus (2023), tres ciclos editoriales a lo largo del siglo XX: el ciclo socialista, el ciclo comunista y, finalmente, el ciclo de la nueva izquierda. En el marco de este último período, es donde se enmarca nuestra investigación. Dentro de la amplia constelación de revistas culturales de la nueva izquierda que proliferaron en la época destacaron: Capricornio (1954 y 1965), Dimensión (1956-1962), Che (1960-1961), Cuestiones de Filosofía (1962), Pasado y Presente (1963-1965 y 1973), Nueva Conciencia (1964), Nueva Política (1965), Fichas de Investigación Económica y Social (1964-1966), La Rosa Blindada (1964-1966), Antropología del Tercer Mundo (1968-1973), Envido (1970-1973), entre muchas otras.
El presente artículo constituye un análisis comparado entre dos proyectos político-culturales de la nueva izquierda intelectual (NII) argentina: Pasado y Presente. Revista de Ideología y Cultura (PyP / Primera época 1963-1965) y La Rosa Blindada (LRB / 1964-1966). El análisis comparado de ambas experiencias permite matizar la idea de una ruptura radical entre la nueva y la vieja izquierda, al mostrar que en estas experiencias de la nueva izquierda persistieron continuidades editoriales, políticas y culturales con la tradición de la vieja izquierda, junto con diferencias internas en los modos de concebir la relación entre política y cultura y el rol de la intelectualidad. Para ello identificamos y sistematizamos una serie de variables que vamos a contrastar: la dimensión material, la procedencia e itinerarios personales de los integrantes de ambas formaciones culturales, el modo en que entendieron la relación entre política y cultura y el rol que le asignaron a los intelectuales y los vínculos que establecieron con las tradiciones de la vieja izquierda.
El texto se propone, en primer lugar, problematizar lo “nuevo” de la nueva izquierda a partir de la identificación de las peculiaridades propias de cada una de las experiencias puestas en comparación y del reconocimiento de rupturas y continuidades con las tradiciones de izquierda previas. En este punto, situaremos la práctica de la edición de publicaciones periódicas y libros políticos como un elemento de continuidad y revisaremos la idea de ruptura generacional. En segundo lugar, nos interesa proponer una concepción más extensa del concepto de intelectual comprometido. La misma busca ampliar los alcances de la noción más allá de los escritores, pensadores y académicos e incluir también a otros sujetos que formaban parte del proceso de producción de las revistas y sus emprendimientos editoriales: impresores, obreros gráficos, traductores y libreros.
Coordenadas para Armar
Uno de los primeros trabajos en conceptualizar la categoría de nueva izquierda fue el de Claudia Hilb y Daniel Lutzky (1984), escrito en la inmediata posdictadura argentina. Los autores proponen una definición que pone el énfasis exclusivamente en los grupos y organizaciones político–militares y en el ejercicio de la violencia política, dejando de lado los vínculos existentes con movimientos sociales y expresiones culturales contestatarias. El origen de este sujeto histórico se sitúa en el golpe de Estado de 1955 y su momento de apogeo entre el Cordobazo y la caída de Héctor Cámpora en 1973. Este último hecho marcaría el inicio de la crisis de la nueva izquierda. Desde esta perspectiva, centrada en los procesos políticos, la emergencia de la nueva izquierda se explica como consecuencia de la desestabilización del sistema político iniciada en 1955.
En las últimas décadas, dentro del campo historiográfico se ha consolidado un uso más amplio del concepto, principalmente a partir de los trabajos de María Cristina Tortti (Tortti, 1999, 2009, 2014, 2023). Esta perspectiva define a la nueva izquierda como un amplio movimiento de oposición social, política y cultural, que se desarrolló tras el golpe de Estado que derrocó al gobierno de Juan Domingo Perón en 1955 y se extendió durante las dos décadas siguientes. Su expresión abarcó manifestaciones de protesta social, iniciativas culturales contrahegemónicas y acciones armadas de organizaciones revolucionarias.
A pesar del consenso de esta definición, recientemente ha sido puesta en debate. Los principales cuestionamientos a la propuesta de Tortti giran en torno a tres aspectos: el carácter de categoría analítica foránea del término (Friedemann, 2018), la amplitud y heterogeneidad de expresiones contestatarias que pueden englobarse en él (Mangiantini, 2018, 2021), y la inclusión o no del peronismo de izquierda dentro de la nueva izquierda (Friedemann, 2018, 2021).
Respecto del primer punto, Sergio Friedemann (2018) señala que la categoría se origina en los movimientos intelectuales europeos que, a partir del proceso de desestalinización iniciado en el XX Congreso (1956) y la invasión de Hungría (1956), rompieron con el Partido Comunista de la URSS. Posteriormente, el término se extendió a Estados Unidos y México; sin embargo, las organizaciones de izquierda de la Argentina de los años sesenta y setenta no se autodenominaron de esta manera. Martín Mangiantini (2018, 2021), por su parte, cuestiona la viabilidad de la noción debido a que su amplitud conlleva el riesgo de establecer generalizaciones excesivas y de perder la especificidad histórica de las diversas experiencias. Finalmente, Sergio Friedemann advierte que los trabajos de Tortti y su grupo de investigación mantienen una postura ambivalente sobre la inclusión de la izquierda peronista dentro de la nueva izquierda. Para este autor, el peronismo de izquierda debe incluirse “sin reservas” como uno de los componentes centrales de la nueva izquierda, lo que constituiría la nota distintiva de la experiencia argentina (Friedemann, 2018, p. 504).
En términos generales y, a pesar de los debates, pueden subrayarse algunos acuerdos en torno a los usos de la categoría. En primer lugar, existe consenso en cuanto a una cronología que sitúa la emergencia de la nueva izquierda entre el golpe de Estado de 1955 y el Cordobazo en 1969. A partir de esta insurrección popular se abre un período de radicalización que se extiende hasta la renuncia de Héctor Cámpora en 1973, seguido por una etapa de retroceso hasta 1976. En segundo lugar, el concepto no se restringe ya a las organizaciones armadas, sino que abarca un heterogéneo conjunto de experiencias políticas, sociales y culturales de carácter contestatario. En tercer lugar, también se incluye a las organizaciones de izquierda peronista, lo que constituye una de las marcas distintivas de la experiencia argentina. Finalmente, desde una perspectiva metodológica, estas experiencias suelen analizarse a partir de trayectorias y vías de politización o radicalización. Es en este último aspecto donde emergen los principales disensos, dado que algunas de estas experiencias parecieran no ser tan novedosas o no responder plenamente a las características atribuidas a la categoría.
De esta revisión se desprende que aún quedan aspectos pendientes por explorar. En particular, resulta necesario someter a una mirada crítica el origen de la nueva izquierda, interrogando qué define su carácter “nuevo” y qué ocurrió con la “vieja” izquierda durante los largos sesenta. Asimismo, persiste la necesidad de profundizar en los elementos de continuidad dentro de ambas culturas políticas, considerando que forman parte de una misma tradición. En este sentido, el presente trabajo puede entenderse como una primera aproximación a dichos interrogantes, con el objetivo de aportar nuevas perspectivas al debate historiográfico. En particular, busca atender a una vacancia aún poco explorada: el análisis comparado de revistas político-culturales, en un campo donde los estudios se han concentrado mayormente en abordajes monográficos.
Por su parte, dentro del campo de la cultura se extendió el uso de nueva izquierda intelectual (NII), para referirse al conjunto de grupos político-intelectuales que, desde la caída del gobierno peronista, ingresaron al debate público al margen de las estructuras de la izquierda socialista y comunista y lo hicieron en el marco de una crisis de la tradición liberal-progresista hasta entonces dominante. Asimismo, estos grupos se definieron políticamente por su adscripción a zonas ideológicas críticas o contestatarias e intervinieron a través de revistas y emprendimientos editoriales (Sigal, 1991; Terán, 2013 [1991]; Petra, 2017). Como ha señalado Terán (2013 [1991]), este proceso estuvo atravesado también por un ejercicio de autoculpabilización de los intelectuales, que vivieron su condición como un privilegio y una forma de separación respecto del pueblo. Esa percepción de distancia, ligada a su inserción social y a su ubicación política, dificultó la comprensión del fenómeno peronista y llevó a que la asunción del compromiso incluyera una tentativa de ‘rescate’ y revalorización de aquello que hasta entonces había permanecido ajeno a la mirada de la izquierda.
En los últimos años se ha producido un renovado interés por el estudio de revistas en el campo de la historia, impulsado por lo que se ha denominado el “giro material” (Grafton, 2006). Desde distintas corrientes —historia intelectual, social, cultural y del libro— se desplazó el foco desde los análisis exclusivamente textualistas hacia la consideración de los soportes materiales, los paratextos (tapas, publicidades, precios, suscripciones), la articulación entre texto, imagen y tipografía, y las redes de mediadores culturales implicados en la producción, circulación y consumo de ideas (Saferstein, 2013; Tarcus, 2020). En este marco, las revistas no se conciben únicamente como fuentes que registran debates, sino como verdaderos objetos colectivos de producción cultural: condensan trayectorias individuales, relaciones de sociabilidad, estrategias editoriales y proyectos políticos (Tarcus, 2020, 2023). Esta doble dimensión —material y colectiva— es la que guía nuestro análisis de Pasado y Presente y La Rosa Blindada, atendiendo tanto a sus proyectos editoriales como a las trayectorias de los intelectuales que las impulsaron, con el propósito de indagar en las continuidades con la tradición comunista y en las tensiones que atravesaron a la nueva izquierda intelectual.
En este punto resulta pertinente señalar los cuestionamientos que Omar Acha (2019) ha realizado a la lectura historiográfica más difundida de Pasado y Presente. Según el autor, buena parte de las interpretaciones se apoyaron en la autointerpretación retrospectiva de José Aricó en La cola del diablo y en la reconstrucción de Oscar Terán en Nuestros años sesentas (2013 [1991]), lo que consolidó una imagen de la revista como núcleo de un “gramscianismo argentino”. Esta clave, sin embargo, ha tendido a opacar otras dimensiones centrales de la experiencia cordobesa, como su vínculo con el guevarismo, el maoísmo y la influencia de la Revolución Cubana, así como las tensiones internas entre sus integrantes. Retomar esta advertencia resulta útil para nuestro trabajo, en la medida en que refuerza la necesidad de abrir nuevas perspectivas de análisis que vayan más allá de los enfoques canónicos. En este sentido, la comparación entre Pasado y Presente y La Rosa Blindada se concibe como una vía posible para iluminar aspectos poco explorados de la nueva izquierda intelectual argentina.
A partir de estas consideraciones teóricas y metodológicas, resulta pertinente revisar las experiencias concretas de Pasado y Presente y La Rosa Blindada. El primer caso, la experiencia político-editorial Pasado y Presente, ha sido recurrentemente identificada como la expresión paradigmática de la nueva izquierda y nueva izquierda intelectual. Al respecto, Oscar Terán (2013 [1991]), al analizar la relación entre intelectuales y política en los años sesenta, elige dos revistas para hacerlo: Pasado y Presente y Cuestiones de Filosofía. El autor argumenta su selección de la siguiente manera:
...ambas son representativas del medio cultural de la nueva izquierda; [...] Pasado y Presente es producida desde Córdoba por un conjunto de intelectuales que provienen de una práctica militante dentro del Partido Comunista, y respecto del cual alentaron una ilusión que en el editorial posterior a la expulsión se reconoce como efectivamente ilusoria: pretender modificar desde adentro. Se trata pues de un grupo cuyo movimiento abre un camino que conduce desde el campo político hacia el intelectual, y por eso mismo resulta significativo observar el modo en que autodefinió el estatus del intelectual y construyó la relación entre política y cultura (Terán, 2013 [1991], pp. 225-226).
En la misma sintonía, Tortti señala: “uno de los grupos que mejor ilustró el recorrido de la ‘NI Intelectual’ fue el de Pasado y Presente que, habiendo partido de la reivindicación del trabajo crítico y creativo de los intelectuales y de la necesidad de crear una ‘nueva cultura’, completó su recorrido a comienzos de los setenta, llamando a los intelectuales a ‘tomar partido’ por alguna de las vanguardias, y tal vez a resignar ante ellas parte de aquella función crítica” (Tortti, 1999, p. 215).
Así, en los estudios clásicos, Pasado y Presente aparece como la revista por antonomasia de la nueva izquierda, debido a su ruptura con la vieja y dogmática izquierda, su relectura del marxismo y la politización de los intelectuales que la impulsaron. Ahora bien, resulta pertinente preguntarse qué sucede con otros proyectos político-culturales contemporáneos a la experiencia cordobesa. Desde esta inquietud surge la propuesta de un estudio comparado con La Rosa Blindada, una perspectiva aun poco explorada dentro del campo.
El análisis comparado constituye, en este caso, una elección metodológica que permite situar en diálogo a las dos revistas. Tal como ha señalado la historiografía sobre historia comparada, comparar no consiste en yuxtaponer objetos, sino en construir un “campo doble de observación” que permite iluminar rasgos compartidos y divergencias a partir de un mismo problema (Barros, 2007). En el caso de las revistas culturales e intelectuales, los estudios se han orientado mayormente hacia abordajes monográficos, por lo que el análisis comparado de Pasado y Presente y La Rosa Blindada busca aportar una mirada novedosa. Más que establecer paralelismos rígidos, la comparación se concibe como un recurso heurístico que posibilita la “iluminación recíproca” (Barros, 2007), al situar a ambas publicaciones como expresiones de la nueva izquierda y, al mismo tiempo, como experiencias atravesadas por tensiones distintas en la relación entre política, cultura e intelectualidad.
En este trabajo nos centraremos en la primera época de Pasado y Presente (1963–1965), contemporánea a La Rosa Blindada. Sin embargo, el análisis no se limita a las revistas en sentido estricto, sino que abarca los proyectos culturales más amplios que estas condensaron, incluyendo sus iniciativas editoriales, redes de sociabilidad y modos de intervención política.
Previamente, haremos una breve presentación de cada una de las experiencias que vamos a contrastar. El proyecto editorial de Pasado y Presente fue impulsado por un grupo de jóvenes intelectuales pertenecientes al Partido Comunista Argentino (PCA): José María Aricó, Oscar del Barco, Héctor Schmucler y Samuel Kieczkovsky. Como consecuencia de las polémicas desatadas a partir de su publicación, serían expulsados de la organización. Luego se sumaron Juan Carlos Portantiero, Juan Carlos Torre, César Ulises Guiñazí, Aníbal Arcondo, Carlos Giordano, Carlos Assadourian, Luis Prieto y Francisco Delich, entre otros.
La revista atravesó dos etapas: una primera, entre 1963 y 1965, en la que se publicaron nueve números en Córdoba. Y, una segunda etapa en 1973, en Buenos Aires, cuando aparecieron tres números más. La acción editorial fue un rasgo distintivo del proyecto. En 1968, José Aricó, Oscar del Barco, Juan José Varas y Santiago Funes fundaron la Editorial Pasado y Presente; que publicó diversos libros y colecciones. El núcleo central de esta experiencia fueron los Cuadernos de Pasado y Presente, que produjo una renovación sin precedentes en el pensamiento marxista latinoamericano debido a la traducción y puesta en circulación de diversos autores y pensadores inéditos en habla hispana. En total se publicaron 98 cuadernos: los primeros en Córdoba, una segunda serie en Buenos Aires y los últimos en México. Finalmente, este corpus bibliográfico se integró al sello Siglo XXI.
Por su parte, La Rosa Blindada también nació como una apuesta editorial contenida dentro del seno del PCA, aunque, de manera inversa, primero surgió la editorial y posteriormente la revista. Al igual que la experiencia cordobesa, la línea editorial y los textos y autores publicados fueron interpretados como desviacionistas por la conducción del partido, lo que provocó la expulsión de sus integrantes. La misma fue dirigida por Carlos Alberto Brocato y José Luis Mangieri, incluyó como director honorífico a Raúl González Tuñón y contó con Andrés Rivera como secretario de redacción y con Oscar Díaz en la diagramación. La redacción estaba integrada por Juan Gelman, Guillermo Arizpe y Ramón Plaza (encargados de la Poesía); Andrés Rivera, Horacio Néstor Casal, Estela Canto y Octavio Getino (Narrativa); Oscar Díaz, Carlos Gorriarena, Hugo Griffoi y Norberto Onofrio (Plástica); Roberto Raschella, Roberto Aizemberg y Nemesio Juárez (Cine); Roberto Cossa, Osvaldo Dragún, Andrés Lizarraga y Susana Vallés (Teatro); León Pomer (Historia) y Javier Villafañe (Literatura infantil). En total se publicaron nueve números entre octubre de 1964 y septiembre de 1966. La editorial, formada en 1962, fue dirigida también por José Luis Mangieri y entre su catálogo, que constituía una constelación de temas, destacaron la poesía, la política, la historia, la literatura, el teatro y la estética. Los textos eran publicados en grandes tiradas que eran vendidas a bajo costo y distribuidos a través de librerías y puestos de diario.
Dimensión Material
En este apartado nos interesa realizar una breve descripción material de ambas revistas, a partir de la cual pueden identificarse semejanzas y diferencias. En el caso de Pasado y Presente, el diseño general era austero y sobrio. Las tapas eran monocromáticas, con el título de la revista en tipografía sencilla y el índice de artículos en cada número (excepto el primero). Los textos se organizan en doble columna, con letra pequeña sobre páginas de 18 x 26. La extensión se mantuvo constante a lo largo de la serie: entre 100 y 120 páginas, excepto los números dobles, que alcanzaron las 240.
La Rosa Blindada presentaba un estilo muy distinto. Sus tapas y contratapas se destacaban por las ilustraciones y el uso de colores vivos, elaborados por artistas plásticos que formaban parte de la redacción o del grupo de colaboradores2. Este rasgo reflejaba la impronta de cruce entre cultura y política que caracterizó al proyecto. Además de la presencia constante de ilustraciones, sobresalían elementos de diseño como el logo de una rosa enmarcada, retratos de autores, tipografías variadas y los números del paginado. La extensión inicial fue de 32 páginas en los primeros cinco (20 x 28), luego aumentó a 48 en los dos siguientes y alcanzó las 64 en las últimas dos ediciones.
La periodicidad de ambas revistas fue irregular. Pasado y Presente se anunciaba como trimestral, pero tuvo desfasajes durante la publicación de los nueve números de la primera época; para ajustar la regularidad aparecieron tres ediciones dobles. Se distribuía en Córdoba y Buenos Aires, a través de librerías y kioscos de diarios y su precio osciló entre $100 y $150. No contamos, sin embargo, con información precisa sobre las tiradas. En contraste, La Rosa Blindada tuvo una frecuencia mensual, aunque fue interrumpida en varias ocasiones y con dos números bimensuales3. Tras la última interrupción, Carlos Brocato dejó la dirección, que quedó únicamente a cargo de José Luis Mangieri. En el noveno y último número, de septiembre de 1966, ya no se figuraban los nombres de los miembros de la redacción, salvo el del director. La distribución también se realizaba en librerías y kioscos. Su precio era inferior al de la revista cordobesa (osciló entre $50 y $100); sin embargo, en términos relativos resultaba más costosa debido a su menor extensión. Las tiradas, según consta en los primeros siete números, alcanzaban los 4000 ejemplares.
El aspecto donde encontramos mayores coincidencias es en la publicidad. En ambas publicaciones predominan los anuncios de lanzamientos editoriales y librerías, vinculados a proyectos editoriales e intelectuales que marcaron una ruptura con la izquierda tradicional, como la edición en castellano de Monthly Review y la aparición de la revista Nueva Política. En Pasado y Presente imperan los libros de teoría política marxista, mientras que en La Rosa Blindada encontramos una variedad de géneros que van desde lo político hasta la poesía. Ambas experiencias también difundían las novedades de sus propias editoriales. Una nota distintiva de La Rosa Blindada fue la inclusión de anuncios de eventos culturales, como obras de teatro, exposiciones de arte, cursos de cine y, por otro lado, en los números previos a la expulsión, encontramos avisos de publicaciones asociadas al propio PCA, como es el caso de Codilibrio, encargada de distribuir las editoriales Futuro y Lautaro.
Conformación e Itinerario de Ambos Grupos
El origen de ambas formaciones culturales estuvo asociado con el Partido Comunista Argentino (PCA). En primer lugar, porque sus impulsores eran militantes comunistas. En segundo, porque el propio partido financió las dos publicaciones. Finalmente, porque ambos grupos fueron expulsados debido a las críticas que realizaron a la línea oficial. Sin embargo, aunque las dos iniciativas surgieron de los espacios culturales del partido, el recorrido de sus integrantes era diferente.
En el caso de Pasado y Presente, sus principales impulsores —José Aricó, Oscar del Barco, Héctor Schmucler y Samuel Kieczkovsky en Córdoba, Juan Carlos Portantiero en Buenos Aires y José Carlos Chiaramonte en Rosario— provenían de la militancia comunista. No obstante, la redacción no estuvo integrada solo por comunistas. Si realizamos una lectura detenida de los índices de los números de la primera época de la revista, nos encontramos con una serie de autores y colaboradores que excedían la militancia comunista, entre los que vamos a encontrar, como señaló Adriana Petra (2017), a estudiantes y profesores de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) e intelectuales que habían participado de otra de las revistas de la nueva izquierda: Contorno.
Entre los primeros se encontraba el filósofo e integrante de la intelectualidad local Enrique Luis Revol, quien en el marco de la Escuela de Letras dictaba Historia de la Literatura Francesa y Literatura Inglesa y Norteamericana. En Literatura Argentina I, el titular era el ex contornista Noé Jitrik, acompañado por Héctor Schmucler y Carlos Giordano como ayudantes. La asignatura Lingüística General estaba a cargo de Luis Prieto, quien se sumaría a la redacción de la revista en el número 5/6. Del Barco era profesor de la Escuela de Historia, dictaba Introducción a los Estudios Históricos. Aníbal Arcondo y Carlos Sempat Assadourian eran graduados recientes de la misma escuela. Asimismo, en la universidad encontramos a un grupo de estudiantes afines al grupo: Jorge Tula, Horacio Crespo, Santiago Funes, Julio César Moreno entre otros (Crespo, 2023; Burgos, 2004; Malecki, 2014; Petra, 2017). Otro colaborador relevante fue Gregorio Bermann, destacado psiquiatra y “compañero de ruta” del comunismo, en cuya clínica trabajaba Samuel Kieczkovsky. Finalmente, varios contornistas escribieron en las páginas de la revista: los filósofos León Rozitchner y Eliseo Verón y, el psicólogo Oscar Masotta. En conjunto, puede observarse una articulación entre el grupo proveniente del PCA y el contexto social y cultural local, con la UNC como espacio de encuentro y circulación4.
Las trayectorias cambian cuando recuperamos la geografía humana de La Rosa Blindada. Uno de sus directores, José Luis Mangieri, inició su labor en la revista Argentina y la URSS (1956-1959), órgano del Instituto de Relaciones Culturales Argentina-URSS, donde trabajó entre 1953 y 1959 bajo la tutela del plástico y publicista Bartolomé Mirabelli, de quien aprendió el oficio de editor. En dicho instituto conoció a dos camaradas del partido, con quienes había polemizado en las páginas de Cuadernos de la Cultura: Juan Gelman y Juan Carlos Portantiero5 (Mangieri, entrevista con Barrozo y Casabella, 2004). Tras el cierre del instituto durante el gobierno de Arturo Frondizi, ingresó a EUDEBA por medio de su amigo Oscar Díaz. En paralelo, trabajó en el diario Crítica (segunda época) junto a Emilio Jáuregui. Más tarde pasó al diario Democracia, donde conoció a Norberto Vilar, quien le presenta a Carlos Alberto Brocato. De este encuentro surgió la editorial La Rosa Blindada, inicialmente llamada Horizonte. En simultáneo, Mangieri colaboraba en el diario comunista El Popular, dirigido por Ernesto Giudici; en este espacio compartió redacción con Oscar Díaz, Norberto Onofrio, Andrés Rivera, Estela Canto, Enrique Aguirrezabala y Norberto Vilar.
De este modo, la mayoría de los impulsores de La Rosa Blindada provenía del ejercicio periodístico, no exclusivamente partidario. Otro núcleo estaba vinculado a la poesía, específicamente al grupo Pan Duro, del que formaba parte Gelman. Finalmente, puede señalarse un tercer ámbito de procedencia: el sindicalismo. Como recordaba Mangieri: “Todos teníamos una militancia sindical, eso nos diferenció [...]. No éramos intelectuales, éramos tipos que iban a asambleas, hacíamos huelgas, teníamos un contacto muy íntimo con nuestro gremio y eso se notaba en la revista” (Mangieri, La luna con gatillo, min: 45.00). En efecto, Mangieri, Rivera, Gelman y Jáuregui participaron en el sindicato de prensa; Brocato y Néstor Casal en el de gráficos; y Carlos Gorriarena, Norberto Onofrio y Pablo Obelar en el de plásticos.
Intelectuales entre Política y Cultura
Durante los años sesenta, el campo cultural argentino atravesó un proceso de transformación marcado por la modernización y la creciente politización de las prácticas intelectuales (Terán, 2013 [1991]; Sigal, 1991; Gilman, 2012). Como han señalado estos autores, se trató de un clima de época contestatario en el que se redefinió la función social del intelectual bajo la doble influencia del compromiso sartreano y la noción gramsciana de intelectual orgánico. Esta dinámica generó tensiones entre intelectuales críticos u orgánicos y aquellos identificados con un perfil liberal o especialista. A la vez, se advirtió que el entrelazamiento inicial entre política y cultura tendió, a partir de 1966, a derivar en un progresivo desdibujamiento de la autonomía cultural (Terán, 2013 [1991]; Sigal, 1991).
El caso de La Rosa Blindada, sin embargo, invita a matizar esta interpretación. Si bien la revista se publicó entre 1964 y 1966, su itinerario no se agotó en esa experiencia: la editorial homónima, las ediciones fonoeléctricas y otros emprendimientos culturales prolongaron la propuesta hasta bien entrada la siguiente década. Considerada en su conjunto, la experiencia blindada muestra que la imbricación entre política y cultura no se desdibujó con la clausura de la revista, sino que se sostuvo y diversificó en nuevos soportes, configurando un proyecto cultural contrahegemónico que obliga a reconsiderar los alcances de la tesis sobre la pérdida de autonomía del campo cultural.
Esta perspectiva también es sostenida por Néstor Kohan (1999), quien analiza los debates teóricos desplegados en las páginas de la revista acerca del rol de la cultura, las críticas al determinismo economicista del marxismo-leninismo y el rechazo al antiintelectualismo populista. Desde su mirada, la apuesta de la rosa fue construir una cultura contra-hegemónica en clave gramsciana (Kohan, 1999, pp. 37-50). No obstante, como advierte Omar Acha (2014), la historiografía sobre la nueva izquierda argentina ha tendido a sobredimensionar la impronta gramsciana, proyectando categorías posteriores sobre experiencias que respondían también a tradiciones locales y a la coyuntura de la época. Nos interesa aquí mostrar cómo esta concepción se plasmó en prácticas y obras concretas, sin perder de vista dichas tensiones interpretativas
Desde su mismo nombre —tributario de un poemario de Raúl González Tuñón en homenaje a la rebelión de Asturias—, hasta la composición de su redacción en la que participaron activamente diferentes artistas: plásticos, escritores, poetas, cineastas, músicos y dramaturgos, la experiencia blindada articuló política y cultura. El diseño de las tapas con ilustraciones y la sección “Portada escrita”6, en la que los artistas de cada número reflexionaban sobre el arte, dan cuenta de esta impronta. Allí, por ejemplo, Carlos Gorriarena advertía: “los que defienden de palabra la autonomía del arte sin percatarse de que están perdiendo la honrosa autonomía de la propia tarea crítica” (LRB, N° 6: 48). En la misma línea, Domingo Onofrio sostenía: “Hoy el pintor es hombre de lucha por imperio de las circunstancias, su expresión determina en el cuadro tensiones que lo alejan del objeto bucólico de contemplación pacífica y goce estético” (LRB, N° 8: 48).
La proyección cultural de La Rosa Blindada se expresó también en otros soportes. En el terreno audiovisual, destaca Los que trabajan (1964), el corto documental dirigido por Nemesio Juárez, que contrapone imágenes de obreros trabajando con abruptas interrupciones militares y escenas de golpes de Estado. Sobre este antagonismo, Héctor Alterio narra el poema de José Luis Mangieri Hombres que trabajan7. A ello se sumaron las ediciones fonoeléctricas, un proyecto discográfico que difundía música popular de Argentina, Cuba y Brasil8 y canciones revolucionarias. También se editaron poemarios narrados, entre ellos poemas de Juan Gelman musicalizados por Juan Carlos Cedrón y Los poemas de Juancito Caminador leídos por el propio Tuñón.
Dentro del proyecto editorial, la literatura —y en particular la poesía— ocupó un lugar central. Se publicaron series de cuatro poemarios de bajo costo, accesibles en kioscos de diario. Asimismo, se impulsó la campaña: “Para que todos los escritores argentinos puedan publicar 4000 ejemplares”, difundida en la última página del número 3 (diciembre de 1964), que buscaba que los escritores noveles pudieran publicar sus textos. Allí se explicaba el funcionamiento de la editorial en términos cooperativos:
Este vehículo -que a juicio y experiencia de esta editorial consiste en una informal cooperativa de escritores que encare colectivamente la distribución del libro en una cantidad mínima y por el método de preventa-, comporta, como forma de trabajo cultural, una defensa y reafirmación, por parte de los mismos escritores, del papel que debe desempeñar la literatura en la sociedad. (LRB, N° 3: Colofón).
Se trataba de una concepción colectiva y contrahegemónica de la práctica cultural: los escritores se comprometían a la preventa de ejemplares y la editorial realizaba las publicaciones. Además, partían de entender al escritor como un trabajador de la cultura y le asignaban a su obra un rol dentro de la sociedad. Esta perspectiva contrastaba con la lógica de las editoriales burguesas, que concebían al libro como una mercancía y publicaban solo a autores consagrados para garantizar el éxito de las ventas. La poesía también tuvo un lugar destacado en la revista, con selecciones como la Breve antología de la joven poesía cubana (N° 1), poemas del ruso Eugueni Evtuchenko (N° 3), Las Brigadas de Choque de Raúl González Tuñón (N° 4), Poemas a los guerrilleros (N° 4), textos del húngaro Attila József (N° 5) y de Juana Bignozzi (N°8), entre otros.
Esta imbricación entre cultura y política también puede observarse en la relación que La Rosa Blindada estableció con el Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP), en contraste con la experiencia de Pasado y Presente. Como es sabido, el grupo cordobés, tras romper con el PCA, atravesó un itinerario político sinuoso cuyo primer momento estuvo marcado por el guevarismo, expresado en el acercamiento con el EGP (Burgos, 2004). Los vínculos con la guerrilla comandada por Jorge Ricardo Massetti, se construyeron a través de Ciro Bustos e implicaron el financiamiento de un número de la revista —a cambio de la publicación del artículo de Régis Debray9— como la creación de una red de apoyo logístico que incluía envío de hombres, alimentos y recursos (Burgos, 2004). En contraste, La Rosa Blindada publicó en marzo de 1965, en su número 4, la Pequeña elegía a los guerrilleros de Salta, contemporánea del número de Pasado y Presente donde se incluyó el texto de Debray. Este poemario incluía versos de Carlos Alberto Brocato, Juan Gelman, Julio Huasi, José Luis Mangieri, Ramón Plaza, Gustavo Roldán y Alberto Szpulberg. Una vez más, la poesía funcionó como vehículo de denuncia frente a la represión sufrida por la organización armada. Allí Juan Gelman escribió:
Yo quisiera saber
que hago aquí bajo este techo a salvo
del frío del calor quiero decir
qué hago
mientras el Comandante Segundo otros hombres
son acosados a morir son
devueltos al aire al tiempo que vendrá
y la tristeza y el dolor tienen nombres
y hay tiros en la noche y no se puede dormir
(Gelman, en LRB, N° 4, marzo de 1965, p.21)
De este modo, tanto en la práctica editorial como en sus múltiples experimentos culturales, La Rosa Blindada constituyó un ejemplo paradigmático de la imbricación entre política y cultura, enlazadas como dos dimensiones de un mismo proyecto transformador.
Claroscuros entre la Vieja y la Nueva Izquierda
La ruptura con la vieja izquierda no se expresó únicamente en el plano ideológico, en la publicación de autores heterodoxos del marxismo o en la discusión sobre la estrategia revolucionaria, sino también en la afirmación de la emergencia de una nueva generación. Pasado y Presente constituye un ejemplo paradigmático de ruptura generacional. En el editorial del primer número de 1963, José Aricó afirmaba que en la Argentina había madurado una nueva generación de intelectuales que:
...no reconoce maestros no por impulsos de simplicidad negativa, sino por el hecho real de que en nuestro país las clases dominantes han perdido desde hace tiempo la capacidad de atraer culturalmente a sus jóvenes mientras el proletariado y su conciencia organizada no logran aun conquistar una hegemonía que se traduzca en una coherente dirección intelectual y moral (Aricó, 1963, p. 2).
La ruptura se expresaba también en la construcción de un linaje de revistas, en el que se incluyen Nosotros, Revista de Filosofía, Martín Fierro, Claridad e incluso Sur, pero se reivindicaba principalmente una filiación con la experiencia de Contorno. No había, en cambio, ninguna mención a Cuadernos de la Cultura, principal publicación del PCA. Según Aricó, la revista de los hermanos Viñas había sido la que más cerca estuvo de establecer un puente entre intelectuales y proletariado; tarea aún pendiente y que Pasado y Presente se proponía asumir. Finalmente, la ruptura generacional también se observa en los vínculos personales: tras la expulsión, los miembros del grupo no volvieron a mantener diálogo con quien había sido su maestro, Héctor Agosti, director de Cuadernos de la Cultura10. El propio Aricó llegó a desmerecer su labor intelectual, atribuyéndose la introducción de Antonio Gramsci en Argentina y América Latina11. En síntesis, múltiples gestos de distanciamiento justifican la consideración de la revista cordobesa como representativa de la nueva izquierda en oposición con la vieja.
La estrategia editorial reforzó esta posición. En Pasado y Presente se publicaron no solo marxistas heterodoxos, sino también a escritores que ideológicamente no se enmarcarían dentro de esta tradición. En la revista aparecieron textos de marxistas italianos, como Antonio Gramsci, Lucio Colletti, Nicola Badaloni, Galvano Della Volpe, Cesare Luporini, Palmiro Togliatti, Gian Carlo Pajetta, entre otros. A través de la colección Cuadernos de Pasado y Presente, se difundieron traducciones inéditas de autores marginados por el dogmatismo del marxismo-leninismo. Estos volúmenes compilados, construidos a partir de un entramado de artículos, capítulos, notas de diferentes pensadores e intelectuales, buscaban aportar coordenadas teóricas para cartografiar la realidad argentina y latinoamericana. Se trató de uno de los proyectos editoriales más ambiciosos de la izquierda de América Latina. Entre los autores publicados destacan Antonio Gramsci, Louis Althusser, Jean-Paul Sartre, André Gorz, Ernest Mandel, Eric Hobsbawm, Perry Anderson, Galvano Della Volpe, Cesare Luporini, Raniero Panzieri, Karl Korsch, Rosa Luxemburgo, Franz Mehring, Karl Kautsky, Georg Lukács, Paul Baran, Paul Sweezy, Isaac Deutscher, entre muchos otros. Los temas recorrían desde relecturas críticas de Marx hasta debates sobre teoría política, historia del socialismo internacional y controversias acerca de las formas de organización y acción revolucionaria (Burgos, 2004; Cortés, 2015; Crespo, 2023).
Por su parte, La Rosa Blindada también se reconocía como expresión de una nueva generación, pero no traza una ruptura total con las tradiciones previas. Esto se expresó mediante la designación de Raúl González Tuñón como ‘director de honor’, en el bautismo de la revista con el título de uno de sus poemas y en la leyenda de los dos primeros números:
Como cuando allá por los años ‘30, fue condenado a la cárcel por su poema ‘Contra’, con el mismo asombro y entusiasmo, Raúl González Tuñón, el autor de La calle del agujero en la media y La Rosa Blindada, está hoy junto a nosotros, los escritores de una generación posterior, con su mano afectuosa y su palabra experimentada. Pintores y escritores sabemos cuánto es lo que se le debe y sabemos también que es a nosotros a quienes toca retribuir. Por eso es nuestro director de honor, por eso uno de sus libros nos nombró para siempre, por eso le damos públicamente las gracias hoy, que al filo de sus sesenta años es el más joven de nosotros (LRB, N° 1, octubre 1964 /Subrayado en el original).
En este fragmento, Tuñón es incorporado al nosotros de enunciación, tomándolo como uno más del grupo. Aunque la mención desapareció desde el número tres y el título honorario se retiró en el sexto —según la reconstrucción de Néstor Kohan (1999), se debió al conflicto con el partido—, el vínculo con el poeta no se interrumpió. En el número 4 (marzo de 1965), con motivo de su cumpleaños sesenta, la revista le dedicó un homenaje con textos críticos, poemas y escritos del propio autor, incluyendo “Brigadas de choque” (originalmente publicado en la revista Contra. La revista de los franco-tiradores, N° 4, agosto de 1933 y por el cual fue encarcelado) y otros dos de 1936 en los que pregona un rol social activo y comprometido del escritor12. Asimismo, la editorial publicó varios de sus poemarios13.
No es por frívolo capricho que elegimos su nombre como destinatario de nuestra dirección de honor, ni el que uno de sus libros nos nombre para siempre en esta empresa cultural. Si él lo aceptó a pesar de su modestia es porque sabe que la cultura –como el proceso de liberación- es un hilo ininterrumpido que cada generación va prolongando con fervor militante imprimiéndole en cada etapa su inevitable matiz generacional. (LRB, 1965, p. 4 / Subrayado del autor).
Este editorial sintetiza y condensa la posición del grupo: reconocer la existencia de distintas generaciones militantes, pero también la necesidad de inscribirlas en una continuidad —un “hilo ininterrumpido”— intergeneracional. En esa trama, Raúl González Tuñón era el eslabón que enlazaba pasado y presente.
Si nos detenemos en los textos teóricos publicados, la ruptura con la ortodoxia marxista es más marcada que en la cuestión generacional. Su catálogo editorial incluyó textos de Mao Tse-tung, como las Cinco tesis filosóficas (1969) y los cuatro volúmenes de Obras Escogidas (1973), así como de la experiencia revolucionaria cubana: El partido marxista leninista (1965) con discursos de Fidel Castro, y El socialismo y el hombre en Cuba (LRB, N° 6 septiembre-octubre de 1965), de Ernesto Guevara. A ello se sumaron traducciones y ediciones de libros vinculados con la revolución vietnamita, como los de Vo Nguyen Giap, Pham Van Dong, Le Duan y Ho Chi Minh. Este corpus muestra la orientación del proyecto hacia una concepción de la estrategia revolucionaria centrada en la lucha armada.
Así, en líneas generales, mientras que Pasado y Presente condensó la ruptura generacional, teórica y política con la vieja izquierda —al reivindicar una renovación radical del marxismo y del papel de los intelectuales—, La Rosa Blindada apostó por tender puentes intergeneracionales, recuperando tradiciones previas y otorgándoles nuevos sentidos. Estos claroscuros muestran que la llamada “nueva izquierda” no fue homogénea: convivieron en ella gestos de corte y distanciamiento con intentos de continuidad y relectura de la herencia recibida.
Conclusiones
El análisis comparado de Pasado y Presente y La Rosa Blindada permite matizar la noción, a menudo asumida de manera lineal, de una ruptura radical entre la vieja y la nueva izquierda en la Argentina de los años sesenta. Ambas experiencias, si bien se constituyeron como expresiones paradigmáticas de la llamada nueva izquierda, muestran continuidades relevantes con las tradiciones editoriales y culturales del comunismo y el socialismo previos. Al mismo tiempo, encarnaron formas diferenciadas de concebir el papel de los intelectuales y la imbricación entre política y cultura.
En el caso de Pasado y Presente, se observa con claridad una voluntad de ruptura generacional y teórica con el marxismo-leninismo ortodoxo, expresada tanto en su programa editorial —la traducción y difusión de autores heterodoxos y hasta entonces inaccesibles en castellano— como en su autopercepción como nueva generación intelectual sin maestros reconocidos. Este gesto, reforzado por la creación de los Cuadernos de Pasado y Presente, implicó un proceso de renovación teórica que dejó una huella perdurable en la cultura política latinoamericana.
Por el contrario, La Rosa Blindada apostó por un proyecto que, sin dejar de identificarse como expresión generacional novedosa, buscó tejer continuidades con tradiciones culturales y políticas previas. La figura de Raúl González Tuñón, investido como director de honor, simboliza esta voluntad de inscribir la propia experiencia en un “hilo ininterrumpido” de luchas culturales y militantes. En este sentido, la revista y su editorial articularon de manera singular literatura, artes plásticas, música y teoría política, configurando un frente cultural de lucha donde la poesía y el arte eran parte inseparable de la praxis revolucionaria.
Ambos casos muestran que la nueva izquierda no constituyó un bloque homogéneo. Más bien, en su interior convivieron proyectos con énfasis distintos: mientras unos privilegiaron la renovación teórica y la redefinición del lugar del intelectual, otros concibieron la cultura como un espacio de militancia colectiva y de continuidad intergeneracional. No obstante, en ambos proyectos la práctica editorial funcionó como un dispositivo político de primer orden, capaz de articular redes de sociabilidad, circulación de ideas y experimentación cultural.
En conclusión, el contraste entre Pasado y Presente y La Rosa Blindada revela que la nueva izquierda argentina fue un campo heterogéneo y tensionado, donde rupturas y continuidades se entrelazaron de manera compleja. El estudio de estas revistas no solo permite comprender mejor la politicidad de la cultura en los años sesenta, sino también recuperar la centralidad de la edición como práctica constitutiva de la experiencia intelectual y militante de una generación que buscó, cada uno a su modo, transformar la realidad desde la conjunción de política y cultura.
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1 Profesor en Historia por la Universidad Nacional del Sur (UNS). Alumno del Doctorado en Historia del Instituto Interdisciplinario de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín (IDAES | UNSAM). Becario doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Lugar de trabajo: Instituto de Humanidades, Departamento de Humanidades, UNS. Correo electrónico: carloscpetralanda@hotmail.com
2 En orden de los números: Norberto Onofrio, Pablo Obelar, Rubén Molteni, Carlos Giambiagi, Enrique Aguirrezabala, Carlos Gorriarena, Alfredo Gerardo Plank, Domingo Onofrio y Hugo Monzón.
3 Los períodos en los que la revista no se publicó fueron: enero-febrero de 1965, mayo-junio-julio-agosto de 1965, enero-febrero-marzo de 1966 y junio-julio-agosto de 1966. Asimismo, se editaron dos números bimestrales: el N° 6 se correspondió a los meses de septiembre y octubre de 1965 y el N° 7 a noviembre y diciembre del mismo año.
4 La relación con el contexto cultural se puede ampliar si se observan los vínculos con el mundo editorial. Para eso véase: Burgos, 2004; Barbeito, 2009/2011 y Petra, 2017.
5 Sobre la polémica, véase Kohan (1999) y Barrozo y Casabella (2004).
6 La sección se incluye a partir del número 6 de septiembre-octubre de 1965.
7 El mismo se puede ver en el canal de YouTube de Nemesio Juárez: https://www.youtube.com/watch?v=sCmxiAfCeuw&ab_channel=NemesioJuarez
8 Del catálogo de la colección Rosa Blinda de vinilos de 33 rpm: RB 104 Tangos: Juan Carlos Cedrón y su conjunto; RB 106. Así canta Brasil: Nara canta éxitos del carnaval carioca; RB 108. Así canta Cuba: Música cubana de hoy con Benny Moré; RB. 108: Canciones Revolucionarias: Por primera vez “La Internacional” en su versión española completa. RB. 103: Madrugada: Poemas de Juan Gelman/tangos de J. C. Cedrón; RB 113: Gotan: el poemario de Juan Gelman dicho por su autor; RB. 128: Poemas de Juancito Caminador: la lírica de Raúl González Tuñón en su primer testimonio oral.
9 Régis Debray: “El castrismo: La gran marcha de América Latina”, Pasado y Presente N° 7-8, marzo de 1965.
10 Para profundizar las relaciones del grupo editor con Héctor Agosti véase: Petra 2017.
11 Para profundizar en la interpretación de Aricó sobre los usos de Gramsci en Argentina y América Latina véase: Aricó, 1987, 2014, Kohan, 2005 y Mossholder, 2020.
12 Los textos eran: “El Congreso de los PEN Clubs y la función social del escritor” y “Los escritores en la pelea”.
13 En el período de 1962 a 1973 la editorial publicó los siguientes títulos de Raúl González Tuñón. Demanda contra el olvido (1963); Crónicas del país de nunca jamás: nuevos caprichos de Juancito Caminador y otros testimonios (1965); La calle del agujero en la media (1965); El violín del diablo / Miércoles de ceniza (1973).